El Sexo y el Jazz
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El Sexo y el Jazz

El Sexo y el Jazz

El Sexo y el Jazz

El sexo se parece al jazz: siempre regresas a los clásicos, pero cada vez que dos compañeros o dos músicos se juntan, nunca tocan exactamente la misma melodía.  Los ritmos varían, los solistas se inspiran de forma diferente, uno sigue la guía improvisada del otro, respondiéndole, superándolo.

El jazz es sexo, o por lo menos lo es si crees en una de las varias etimologías del mundo: significa “acto sexual” en el oeste de África. El término también es similar a jizz o jism, palabras que significan esperma en el slang americano.

Madams Lulu White

Madams Lulu White


Madms Willie Piazza

Madms Willie Piazza

No importa cuál versión te guste más, una cosa es segura: el jazz nació a principios del siglo veinte en los oscuros burdeles de Storyville, en

el French Quarter de

Nuevo Orleans. En ese tiempo, los músicos negros no podían tocar en clubs para blancos y los establecimientos pertenecientes a las mulatas Lulu White y Willie Piazza, eran de los pocos lugares donde los afroamericanos podían tocar.

Fue en uno de esos lugares donde el autoproclamado inventor del jazz, Jelly Roll Morton, comenzó su carrera a la edad de catorce años. Él fue un pianista talentoso y su apodo, lleno de implicaciones sexuales, hace eco de las pícaras letras de sus canciones, que hoy se encuentran en la Librería del Congreso de Estados Unidos.

Cuando las autoridades clausuraron el Storyville en 1917, los músicos de jazz emigraron a las grandes ciudades a lo largo del Mississippi: Memphis, St. Louis, Kansas, Chicago. Los censuradores (incluido Thomas Edison, inventor del fonógrafo), rápidamente se opusieron a lo que ellos llamaban “música del diablo”. Ellos estaban en shock por los sensuales ritmos y “gestos obscenos” de los bailes que  acompañaban el jazz, pero sobre todo estaban molestos por la convivencia entre blancos y negros en una sociedad que aún era profundamente racista.

Alrededor de 1920, sesenta ciudades prohibieron el jazz en los salones de baile y debido a esta prohibición, el jazz se refugió en antros clandestinos administrados por mafiosos. Ahí, los parranderos podían beber alcohol y disfrutar la música de estrellas talentosas como el icónico Louis Armstrong, o el clarinetista Sidney Bechet, quien después se uniría a la icónica bailarina Josephine Baker en La Revue Négre en  París.

 

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Louis Armstrong, Thomas Edison, Sidney Bechet

Fuente: Sex Game Book: A Cultural History of Sexuality de Denyse Beaulieu. Editorial Assouline.

 
 
 
 
 
 
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1 0 5145 16 diciembre, 2014 LifeStyle, Pop Culture diciembre 16, 2014

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